La psicomotricidad es una disciplina científica que aborda al ser humano desde una visión integral, donde el sustrato neurobiológico y la construcción psíquica se amalgaman a través del movimiento.

Su objeto de estudio es el cuerpo en relación: un cuerpo que no es solo un organismo biológico, sino una construcción simbólica y relacional.

Un viaje a través de la vida

El cuerpo es el hilo conductor de nuestra historia. Por eso, intervenimos en todas las etapas, adaptando nuestra mirada a las necesidades de maduración de cada momento:

La expresividad psicomotriz del niño es su manera de ser y estar en el mundo.


En Psicomotricidad No buscamos el ejercicio repetitivo. Buscamos el placer de actuar. A través del juego simbólico, el niño puede «poner afuera» sus fantasías y miedos.

Como decía Aucouturier, el niño «juega para no sufrir»; en la sesión, el juego permite transformar las tensiones internas en una acción creativa y con sentido.

Pensar la infancia y la adolescencia no como etapas cronológicas, sino como posiciones subjetivas.

El adolescente atraviesa una «metamorfosis» donde su cuerpo se vuelve un extraño.


En Psicomotricidad trabajamos sobre el esquema y la imagen corporal.

Ayudamos a reconocerse en ese nuevo envase, a habitarlo con seguridad y a que ese cuerpo deje de ser un lugar de conflicto para convertirse en un lugar de identidad y deseo.

En la vida adulta, el cuerpo suele convertirse en el escenario donde «depositamos» las exigencias del entorno.

El cuerpo no es solo una estructura anatómica, sino una construcción de gestos y sentidos (mirada, escucha, contacto).
Bajo el estrés crónico y las demandas sociales, desarrollamos tensiones musculares, el cuerpo se vuelve rígido y perdemos la capacidad de sentir placer en el movimiento.


En Psicomotricidad el objetivo es recuperar la conciencia corporal, permitiendo que las emociones encuentren una vía de expresión. Es un proceso de re-habitar el cuerpo, pasando de un organismo que solo «funciona y rinde» a una corporeidad que siente y disfruta.

En esta etapa, nos enfocarnos en la persona que sigue siendo. Entendemos que mientras haya deseo y relación, hay un sujeto presente.


La vejez trae consigo una mayor fragilidad biológica, pero la terapia psicomotriz trabaja para que esta no se traduzca en una pérdida de la identidad.


En Psicomotricidad nos enfocamos en la memoria del cuerpo y en la autonomía funcional. No se trata solo de prevenir caídas, sino de que el adulto mayor siga sintiéndose dueño de sus deseos. Trabajamos para que el cuerpo siga siendo un territorio de comunicación y placer, donde cada movimiento sea una reafirmación de su existencia y su historia personal.

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